Samaritana

Genuino, propio, singular... serían algunos de los calificativos para el más popular de cuantos personajes procesionan, teniendo su referencia histórica en el evangelio de Juan, y con la particularidad de no tener nada que ver con la pasión del Señor y ni siquiera es un personaje del pueblo judío.

En la época de Cristo, Palestina, llamada en otro tiempo Canaán, estaba dividida en cuatro regiones a las que hoy llamaríamos naciones que de norte a sur eran: Galilea, Samaria, Judea e Idurnea.

Samaria, en el centro geográfico de Palestina, al occidente del río Jordán, tomó su nombre de la ciudad homónima: perteneció durante el Imperio Romano a la provincia de Judea con capital en Jerusalén.

Los samaritanos eran una raza mixta que descendía de los matrimonios entre israelíes y colonizadores sirios; la enemistad entre judíos y samaritanos era tan grande que los viajeros que iban del norte de Palestina, GaSamaritanalilea, al sur, Judea, o viceversa, procuraban no cruzar Samaria, buscando itinerarios alternativos. Sus creencias no estaban muy distantes de sus vecinos judíos, rechazaban el culto en el Templo de Salomón en Jerusalén y en cambio reverenciaban el Santuario de Garizim como lugar santo. Cristo pasó por su país, predicó entre ellos e hizo milagros; su primer paso debió ser cuando todavía no-nato, viajó, en el vientre de su madre, de Nazaret, en Galilea, a Belén, en Judea.

Habló Jesús muy bien de ellos, incluso como ejemplo de caridad suprema puso a un samaritano (Lc X, 25-37), los defendió y ordenó que se les predicara. En la ciudad samaritana de Sicar, a los pies del aludido monte Garizin, en el lugar que Jacob dio a José como heredad donde serían sepultados sus restos traídos de Egipto, había una fuente o pozo según el texto evangélico: " ... una mujer iba a sacar agua del pozo cuando se encontró a Jesús..." (Jn IV, 1-42). Es esta mujer de Samaria, la Samaritana.

Hermoso diálogo, maravillosa escena representada en pintura, escultura e incluso en algunas procesiones de Semana Santa aparece el Paso de "Jesús y la Samaritana", sin tener nada que ver con la pasión, y muerte o resurrección del Señor. Seria, tal vez, la profunda enseñanza teológica y moral que del relato bíblico se deduce la que llevaría a considerarla.

En nuestras procesiones, anacrónicamente, ha sido por excelencia el personaje propio de los Sayones, soldados medievales de las Cruzadas. Tal vez estuvo asociada a ellos por creer, erróneamente que éstos eran los judíos que mataron a Jesús, y no es algo incoherente por cuanto antes se realizaba una ceremonia el Jueves Santo por la mañana siendo el capitán de Sayones el que introducía la punta de su espada en la llaga del costado de la imagen del Crucificado, para representar ante el pueblo la muerte de Cristo.

Su identificación iconográfica es el cántaro, de barro, cerámica, cristal o metálico, pues con él iba al pozo a sacar agua cuando se encontró con Jesús. Su indumentaria ha variado mucho en cada época, estando muy influida por la moda del momento.

SamaritanaLos vestidos de cualquier mujer palestina de la época en un medio rural como Sicar para ir a buscar agua a la fuente, serían muy sencillos: túnica de colores vivos hasta los pies, cíngulo ajustado al talle, cabeza cubierta y, por supuesto, sin abalorios ni joyas de ningún tipo, sandalias de piel curtidas a mano y el cántaro lógicamente de cerámica o barro. Tal como acabamos de describir, su indumentaria no ha sido la forma tradicional de presentarse en nuestras procesiones, las samaritanas han procesionado siempre con vestidos hermosos y llamativos, telas de terciopelo hasta la rodilla, muy escotadas y muy enjoyadas, con pendientesy en sus artesanales pelucas, tirabuzones y bucles a la usanza romana con cantidad de perlas y una diadema casi como corona.

En los años 20 de este siglo, la moda propia de cupletistas influyó en su indumentaria y más parecen de la "Belle epoque" que personajes evangélicos.

Como remate de su indumentaria unas botas caladas hasta casi la rodilla a juego con el color del traje. La capa era otro complemento de la indumentaria. En los años 60 invadieron las pantallas cinematográficas las películas de romanos o de "peplum" y este fue otro motivo de inspiración, vistiendo, no sólo la Samaritana, sino otros personajes con trajes hasta los pies y se abandonaron los terciopelos por motivos más estampados, los peinados no desaparecieron, se fueron, si cabe, barroquizando cada vez más; finalmente, en los últimos años, por aquello de buscar "lo auténtico", de ir "al origen", hemos visto y vemos indumentarias muy de acorde con la época histórica pero disidente con la tradición. Pero esta dualidad en la indumentaria es un motivo perfecto para conjugar historia con tradición.

Este personaje tan querido en nuestros barrios, fue sinónimo de mujer fatal, mujer de vida ligera, atendiendo a la narración evangélica, por lo cual, las mujeres que lo han representado eran muy bien parecidas, y en años de menos libertad en el vestir, podían incluso ir con un vestido hasta o por encima de las rodillas. Hagamos un poco de visión retrospectiva en las calles de hace cien años, sin asfaltar, con los vestidos de calle para la mujer hasta el suelo, una mujer el Viernes Santo cruzaba custodiada por dos sayones con faldas hasta la rodilla nuestras calles. Debía ser un espectáculo.Observando fotos de samaritanas, vemos que la posición del cántaro siguiendo un modelo litúrgico, sobre todo cuando se trataba de ánfora, adoptaba posiciones diferentes según el día de la Semana Santa. Así el Domingo de Ramos lo llevaba apoyado en la cadera y cogido a un asa, el Viernes Santo la boca del cántaro se dirigía hacia abajo y el día de Pascua lo portaban con flores.