Verónica

Se ha buscado para este nombre la etimología de vera e icono algo así como verdadero icono o imagen de Cristo. Hay autores que lo afirman y otros lo niegan rotundamente.

En cualquier caso, esta mujer no tiene ninguna referencia en los evangelios canónicos, si bien nos dan noticia de un grupo de mujeres que acompañaban al Señor y lo atendían. De algunas se da su nombre, de otras no.

Los evangelios apócrifos, en el Acta de Pilato o también llamado evangelio de Nicodemo, que ya existía en el año 376, en el apartado VII podemos leer "... cierta mujer llamada Bernice (Verónica) empezó a gritar desde lejos, diciendo: encontrándome enferma con flujo de sangre, toqué la fimbria de su manto y cesó la hemorragia que tuve doce años consecutivos". En el mismo evangelio se relata como Tiberio Cesar, emperador a la sazón, supo de la existencia de Jesús y sus milagros y estando enfermo envió un mensaje a Pilato para que el Salvador fuese a Roma a curarlo, más el procurador remitió un mensajero explicando como siendo el tal Jesús un malhechor mandó crucificarlo y ese mensajero encontró una mujer en las calles de Jerusalén llamada Verónica y le preguntó: "¡Oh mujer! ¿por qué dieron muerte los judíos a cierto médico residente en esta ciudad, que con solo su palabra curaba a los enfermos? Más ella empezó a llorar diciendo: "Cuando mi Señor se iba a predicar yo llevaba muy mal el verme privada de su presencia, entonces quise que me hicieran un retrato para que, mientras no pudiera gozar de su compañía, me consolara a lo menos la figura de su imagen y yendo yo a llevar el lienzo al pintor para que me lo diseñase, mi Señor salió a mi encuentro y me preguntó a dónde iba. Cuando le manifesté mi propósito me pidió el lienzo y me lo devolvió señalado con la imagen de su venerable rostro". En otros pasajes se señala como patria de esta santa mujer Paneas en Siria.

La Edad Media recogió ávidamente esta leyenda y la modificó a su gusto. Y cuando se fue conformando el Via Crucis, las primeras menciones en él las hace Jorge de Nuremberg en 1435 y Félix Fabri en 1484. Quisieron que esta Verónica saliera al encuentro del Divino Maestro en la calle de la Amargura y que, al aplicar un lienzo sobre el rostro ensangrentado obtuvo la imagen de su Santa Faz repetida en los pliegues de la tela hasta tres veces, conservándose, según la tradición una de ellas en la ciudad andaluza de Jaén.

Museos y pinacotecas se han llenado con estos santos rostros de Cristo: Zurbarán, Durero, Vinci, Meisys, Ghirlandajo, Greco... en manos de su autora, la Santa Mujer Verónica.
Por todo el orbe cristiano hay efigies-verónicas o santos rostros de Cristo, haremos mención de la Verónica de Jaén y de la Santa Faz de Alicante.

La primera mención fidedigna de la Faz jienense se refiere al Obispo Biedma quien, habiendo ido a Roma hacia el año 1377 obtuvo del Papa Gregorio XI copia de la Santa Faz que había en el Vaticano.

La de Alicante la obtuvo mosén Pedro Mena, párroco de San Juan en la huerta de Alicante, ya fuere por parte de venecianos, ya directamente desde Roma. A raíz de haber vertido lágrimas y obrado otros prodigios el Papa Clemente VII aprobó en 1525 la fiesta de la Santa Faz de Alicante con oficio propio. En nuestras procesiones siempre ha aparecido y su indumentaria ha tenido la mínima evolución, siendo propia de la época de colores severos, túnica, cíngulo, sandalias, velada la cabeza siendo su objeto de identificación llevar en sus manos "La Verónica", pañuelo blanco en el que lleva impresa la Santa Faz. Este pañuelo lo lleva plegado hasta la mañana del Viernes Santo en que al paso de la VI estación limpia el santo rostro del Señor y lo muestra. Es precisamente este lienzo, el atributo que, caso curioso, quizá único, da nombre al propio personaje. Como ya hemos dicho, este personaje al igual que todos el día de Resurrección, no lleva objeto de identificación, portando flores y los colores de su vestido son más vistosos, blancos o claros.